
Mi Historia


Capítulo 2: ¿Qué tengo aquí?
Solía hacerme el autoexamen mientras me bañaba. Así, llena de jabón y con los dedos resbalosos en la piel, como quien recorre un mapa que ya conoce, como quien recorre un mapa que conoce de memoria pero que cada tanto revela un nuevo relieve bajo la yema de los dedos. Mi ciclo, siempre me decía.

Capítulo 3: La salud en lista de espera
La última semana de octubre pintaba bien. Me levanté con muchos ánimos y, después de que Alicia se fue al colegio, salí para mi cita médica. Tenía en mente un solo asunto: el reflujo. Lo mío era el reflujo, decía. Hacía dos meses me había hecho una endoscopia y no había vuelto al médico para

Capítulo 4: Culpa, vértigo y fe
Me culpé. Me dije: “soy culpable”. Me desahogué con Berry, le conté lo fatal que me sentía, como si hubiera hecho algo imperdonable. Mi primera reacción fue esa: culpa pura, seca, sin matices. Hay mujeres que, ante el diagnóstico de cáncer de mama se dicen “de malas” o “seguro es herencia”. Yo me fui directo

Capítulo 5: Una mamá en el cielo y otra en la camilla
La noche del 29 de octubre dormí tranquila. El sueño me alcanzó sin resistencia. Sabía que tenía cáncer, pero también sabía -y eso lo repetía como oración- que estaba en un buen escenario para tratarlo. Nadia me había dado esperanza y la esperanza es una forma de anestesia. 30 de octubre. Desperté con una plegaria

Capítulo 6: Sobreviví a mis propios pensamientos
Sobreviví a mis propios pensamientos Ya tenía una noticia, la peor que había recibido en años. Alicia había estado muy enferma en 2017, cuando era apenas una bebé de dos años. Síndrome de Stevens-Johnson por una toxicodermia (alergia) con medicamentos normales que le había recetado la pediatra para una fiebre. Estuvo al borde de ser

Capítulo 7: Mi maestro, el cáncer de mama
Ahora sí tenía un motivo para cuidarme. Antes creía que no había uno real. Es irónico, pero la que parecía la peor noticia de mi vida terminó siendo la razón más clara para empezar a amarme sin condición. Entré en un estado de conciencia raro; raro, pero bonito. Una vecina, Ana Cristina, a quien conocí

Capítulo 8: El día que quise envejecer
El miedo a la muerte. Como quienes nunca han atravesado por este diagnóstico (yo misma, antes de tenerlo), asociaba “cáncer” con “muerte”. El diagnóstico llegó a mí como una sentencia, aunque Nadia, la enfermera, me había dado tanta esperanza, el intruso que habitaba en mí susurraba: “Solo quiere calmarte, pero estás en la mala.” La

Capítulo 9: La vida me guiñó el ojo
Desde que empecé esta nueva vida, leí en todos lados (y me lo dijeron en Tiempo para Ti) que el 50% del éxito del tratamiento estaba en la actitud que le pusiera al proceso. Nunca había estado tan positiva. El estado natural de mi mente era “todo va a estar bien”. A veces llegaban pensamientos
Sobre la Autora
Natalia Londoño
“Escribir no fue una elección, fue mi manera de sobrevivir al eco y encontrar mi propia voz en medio del ruido.”